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Música del cielo para escenas del Apocalipsis
Tres compositores vivos integran la tríada de autores de música religiosa de nuestro tiempo: el estonio Arvo Pärt, el polaco Henryk Górecki y el inglés John Tavener. El último de ellos se hizo muy popular a partir de una pieza coral interpretada en vivo hace 10 años en el funeral de la princesa Diana de Gales, Song for Athene. Recomendamos a propósito su trabajo para la banda sonora de la película Niños del Hombre (Children of men, 2006) del mexicano Alfonso Cuarón.
La pieza musical que soporta el peso de la película y este sondtrack se titula Fragmentos de una oración. Se trata de un poema sinfónico de aproximadamente 15 minutos, descrito por el mismo Tavener, como una reacción espiritual a la película de Cuarón. Es una pieza a la usanza de la música sacra, solemne, fundamentalmente tañido de violines más la voz de la mezo Sarah Connnelly que entona, en latín, palabras como “madre”, “protégeme”, “aleluya”. Es además la primera obra del compositor escrita ex profeso para cine.
Las notas de Fragmentos de una oración agregan dramatismo a varias secuencias en toda la película, especialmente a las desoladoras imágenes de inmigrantes maltratados. Este soundtrack, apropiado para la meditación piadosa, por ejemplo, se integra también por otras piezas ya conocidas de Tavener, Handel, Mahler y Krzysztof Penderecki.
Por cierto, otras piezas de John Tavener pueden escucharse como música de fondo en la película Batalla en el cielo (2004) de Carlos Reygadas.
Garden State, iluminadora
Aunque en nuestro sitio ya hemos hablado de Garden State y de la agradable sorpresa de descubrir en Zach Braff a un talentoso director, lo menos que puede decirse del soundtrack de esta película es que es una maravilla.
Olviden los géneros y los tonos; éste es un cd para esos días en que las pérdidas ocupan nuestro balance del día y es necesario reconciliarse con la vida.
En una de las grandes escenas del filme, Natalie Portman se quita los audífonos para prestárselos por un momento a Andrew (el personaje interpretado por Braff). “Tienes que oír esta canción, te cambiará la vida. Te lo juro”, le dice. Y entonces la magia; Largeman despierta de 20 años de sedantes y antidepresivos. Vean la película; no sólo es una experiencia iluminadora, sino que la traerán durante días enteros rondando en la cabeza. Lo mejor, créanme, es la ola de nostalgia que les provocará y que este disco sanará en minutos.
Compiladas por el mismo Braff, cada una de las trece canciones del álbum funcionan así: conectan el corazón con cada parte del filme, aunque funcionan maravillosamente por sí solas.
